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Otra semana marcada por la nieve se merecía un nuevo post invernal. Ya nos estamos acostumbrando a ver en los informativos los coches tirados en las cunetas, las máquinas quitanieves trabajando a destajo y camiones arrojando sal a la carretera. Mi madre siempre me ha dicho que no le eche tanta sal a los filetes, que no es bueno, pero en la carretera sí que está justificado.
El punto de congelación del agua en condiciones normales es de 0ºC. Cuando al agua se le añade algún sólido, como la sal, este punto desciende de temperatura. Las moléculas añadidas se interponen entre las del líquido e impiden que se asocien para solidificarse en forma de hielo.
El proceso de disminuir el punto de congelación de un líquido puro mediante la adición de un soluto se denomina descenso crioscópico. Es lo que provocamos echando sal a la carretera cuando hay posibilidades de que se formen placas de hielo.
Depende de la cantidad de sal, la disolución de agua salada que quedará en la carretera se congelará a una temperatura negativa distinta, pero siempre por debajo de los 0ºC.
Este mismo proceso se aplica a los líquidos refrigerantes. Ante la posibilidad que pueda congelarse e impedir así la correcta refrigeración del motor, se añade anticongelante. Lo único que se provoca es, mediante una mezcla colorada, disminuir el punto de congelación del líquido.
Los que medimos la temperatura en grados centígrados lo tenemos siempre muy fácil. El agua hierve a 100ºC y se congela a 0ºC. ¿Cómo se lo hacen los americanos con los grados Fahrenheit? Lo vemos en el próximo post.
Me llamo Marc Redondo Fusté. Nací en Esplugues del Llobregat (Barcelona) un gélido mes de enero gracias a los fenómenos de la contracción y la dilatación. La gravedad tiró al suelo mi primer termómetro con una aceleración de 9,81 metros por segundo al cuadrado. A los 14 años empecé a practicar con la fricción. El día siguiente a mi primera borrachera comprobé lo que es la deshidratación. Cuando recibí mi primer beso experimenté lo que es una reacción exotérmica. El primer examen en la universidad de física me lo pasé mirando por la ventana cómo nevaba y quedé ingrávido, es decir, suspendido. Tras años de estudios de campo he llegado a la conclusión de que se liga más con una motocicleta de 49 centímetros cúbicos que invitando a las chicas a ver las estrellas; como no tengo moto, aquí hablaré de ciencia como no nos la enseñaron en el colegio, y de estrellas, por si hay alguna despistada. (ahora ya tengo moto, pero de momento solo un casco) Y si no puedes dormir porque una pregunta te ronda por la cabeza, mándame un e-mail a mredondo@snoticias.tv
Blog de Sociedad