imprimir
compartir

-¿Mis pantalones? ¡Si supieran lo que es la LOGSE se la traería al pairo que yo lleve o deje de llevar pantalones! –contestó el maestro.
-¡No puede dar clase con un flotador de pato! –gritó con el puño en alto el padre líder de la asociación de padres-. Traigo a mis hijos a un colegio privado para que no…
-Para que no haya negros, dígalo, ni sudacas, ni rumanos. Y resulta que ahora tampoco quiere que haya patos. ¡Que le den! ¡Y, otra cosa: el colegio es concertado!
El padre líder de la asociación de padres se sintió un choque de placas en la raya del pelo, el latigazo de la cola del cocodrilo en el polo, la intercalación de la funesta hache de Hyundai entre las siglas sacrosantas de su BMW; la insurrección de los sumisos era lo único que no le habían enseñado a soportar en el CEU.
-¡Ésto le costará caro! –gritó con una voz mucho más aguda de lo que le hubiera gustado.
Aquella tarde, el padre líder canturreaba una canción de Siempre así a la puerta del colegio, apoyado en el Seat Córdoba del maestro. Le hacían los coros dos colegas del squash.
-Aquí tú eres el negro, maestro –dijo el padre líder evocando una peli de agrupaciones juveniles.
El maestro leyó la situación y corrió hacia el gimnasio, buscando al profesor de karate. Pero el flotador le restaba aerodinámica y las chanclas de goma, agarre. Los forzudos hicieron presa, le dijeron lo vas a flipar y le llamaron Visa Electron con todo el desprecio del mundo.
El padre líder sacó un cortapuros gigante. Los forzudos sujetaron al maestro, que ya la veía venir. El cuello del pato acabó en el cortapuros y el maestro gritó ¡Libertaaaaaaaaaaad! cuando la guillotina se dejó llevar por la inercia de las revoluciones.
-Asúmelo: Estamos en septiembre, educa a nuestros herederos como es debido.
Después le obligaron a ponerse unos Dockers y un polo de Ralph Loren. Grabaron la vejación con un teléfono móvil. Cuando el maestro pensaba que ya no podían humillarlo más, el padre líder le obligó a guardarse en el bolsillo las llaves de un Jaguar. Antes de marcharse, lo peinaron a raya.
El maestro cayó llorando en un rincón, le daba vergüenza tocarse, mirarse en un espejo. Supo que nunca volvería a confiar en el ser humano. Le dio una embolia cuando se le ocurrió que cualquier día le obligarían a ir de botellón a Pozuelo.
Menudo el futuro que nos espera... Estamos en un período de confrontación abierta entre el 'chonismo' y la pijo-borroka...
laSexta fichó a Gómez y a Rodríguez en la cúspide de su fama, cuando triunfaban en las salas más decadentes del desierto de Nevada con una mezcla de country y flamenco a dos guitarras y cuatro tacones con tachuelas. Los directivos de laSexta les prometieron un certificado de penales limpio y dos comidas al día. Gómez y Rodríguez, Rodríguez y Gómez, no pudieron más que conmoverse y aceptar. En sus primeras semanas en España estrenaron mudas frescas y un blog. El blog se llamó El Jardín y las mudas frescas quedaron templadas y anónimas para siempre. Gómez se encargó de la parte escrita, Rodríguez de la dibujada. Aún hoy, sobreviven como blogueros de fortuna.
Blog de Sociedad