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El post de hoy va dedicado a Jordi. Fue un compañero de colegio al que ayer felicité por su cumpleaños. Recordamos anécdotas de nuestra infancia y volvimos a reírnos de lo que fue la noche más desastrosa de su adolescencia. Estuvo toda una verbena de San Juan intentando ligar con una inglesa, y cuando la tenía en el bote, se hizo de día. Gracias a eso llegó a odiar las cortas noches de verano y el solsticio de junio.
Este año 2008 la noche más corta ha sido la del viernes 20 al sábado 21. A la 1:59am hemos dicho adiós a la primavera y hemos dado la bienvenida al verano. A partir de hoy, día tras día, volveremos a perder horas de luz hasta que llegue el solsticio de invierno en diciembre.
En Barcelona, donde pasé toda mi infancia, adolescencia y los principios de mi madurez (porque aún no estoy maduro del todo), las noches de las verbenas de San Juan, el día 23 de junio, acababan siempre en la playa de la Barceloneta viendo salir el sol. Se mezclaba la música con el rumor de las olas. El olor salino de la arena con brisas de hierba quemada. Gente durmiendo y cuerpos moribundos por exceso de alcohol.
La diferencia de duración entre una noche de invierno y otra de verano llega casi a las 6 horas. La próxima vez que tengas planes para una noche de verano, acuérdate de mi amigo. Date prisa, no sea caso que te salga el sol antes de lo esperado y te arruine tus planes. Si no quieres ir con prisas, espérate a las largas noches invernales, a ver si pescas algo.
Me llamo Marc Redondo Fusté. Nací en Esplugues del Llobregat (Barcelona) un gélido mes de enero gracias a los fenómenos de la contracción y la dilatación. La gravedad tiró al suelo mi primer termómetro con una aceleración de 9,81 metros por segundo al cuadrado. A los 14 años empecé a practicar con la fricción. El día siguiente a mi primera borrachera comprobé lo que es la deshidratación. Cuando recibí mi primer beso experimenté lo que es una reacción exotérmica. El primer examen en la universidad de física me lo pasé mirando por la ventana cómo nevaba y quedé ingrávido, es decir, suspendido. Tras años de estudios de campo he llegado a la conclusión de que se liga más con una motocicleta de 49 centímetros cúbicos que invitando a las chicas a ver las estrellas; como no tengo moto, aquí hablaré de ciencia como no nos la enseñaron en el colegio, y de estrellas, por si hay alguna despistada. (ahora ya tengo moto, pero de momento solo un casco) Y si no puedes dormir porque una pregunta te ronda por la cabeza, mándame un e-mail a mredondo@snoticias.tv