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Si hablamos de manos grandes y fuertes seguro que te vienen a la cabeza tus familiares del pueblo. En mi caso, recuerdo las de mi abuelo y mi padre. Dedos grandes y duros, muy duros. Piel de papel de lija, castigada por el sol, uñas rotas, durezas y sobre todo fuerza, mucha fuerza tenían esos dedos. Miles de horas de labranza en el campo, en la fábrica, en la obra, en el taller...
Ahora las nuevas generaciones, salvo algunos casos, ya no cumplimos estas características. No es que seamos peores, sino que los tiempos han cambiado. Ya no necesitamos esas manos. Las nuestras son más pequeñas, las hidratamos y además mimamos las uñas.
La ventaja que tenemos es que nuestros dedos son mucho ágiles. Especialmente los pulgares. Si este cambio en nuestra anatomía ha tenido lugar en apenas medio siglo… ¿qué pasará dentro de diez generaciones?
El que te escribe ahora mismo también forma parte de la denominada “generación del pulgar”, término con el que bautizó esta generación la escritora y filósofa Sadie Plant, directora de la Unidad de Investigación de Cultura Cibernética de la Universidad de Warwick (Reino Unido). Horas de entrenamiento en consolas y miles de caracteres escritos desde nuestros teléfonos móviles han convertido a nuestros pulgares en auténticos instrumentos de precisión.
Este cambio también afecta al cerebro. Se crean más conexiones neuronales para poder llevar el control de los dedos. ¿Estamos creando una generación más inteligente? Dale el móvil a un niño pequeño y verás cómo lo maneja. Hasta en Japón los menores de 25 años se hacen denominar “la tribu del pulgar”.
Como todo no podía ser bueno, se deben tener en cuenta las lesiones musculares y las atrofias producidas por un uso abusivo de nuestros dedos. Más complicado es el tema de insomnio, la tensión o la dependencia que se crea con tanto aparato electrónico.
Hola. Me gustaría hacer una pregunta: ¿por qué titulas esta entrada: la generalción del pulgar y la evolución humana? gracias
Bueno, pero no sólo de los pulgares! De escribir 12 horas diarias en el ordenador escribiendo textos weberos, tenemos una capacidad de movimiento superior a la media.
Me llamo Marc Redondo Fusté. Nací en Esplugues del Llobregat (Barcelona) un gélido mes de enero gracias a los fenómenos de la contracción y la dilatación. La gravedad tiró al suelo mi primer termómetro con una aceleración de 9,81 metros por segundo al cuadrado. A los 14 años empecé a practicar con la fricción. El día siguiente a mi primera borrachera comprobé lo que es la deshidratación. Cuando recibí mi primer beso experimenté lo que es una reacción exotérmica. El primer examen en la universidad de física me lo pasé mirando por la ventana cómo nevaba y quedé ingrávido, es decir, suspendido. Tras años de estudios de campo he llegado a la conclusión de que se liga más con una motocicleta de 49 centímetros cúbicos que invitando a las chicas a ver las estrellas; como no tengo moto, aquí hablaré de ciencia como no nos la enseñaron en el colegio, y de estrellas, por si hay alguna despistada. (ahora ya tengo moto, pero de momento solo un casco) Y si no puedes dormir porque una pregunta te ronda por la cabeza, mándame un e-mail a mredondo@snoticias.tv