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Como hoy en día los aviones forman parte de nuestra vida, y raras son las vacaciones donde no nos toca coger uno, hoy estrenamos una serie de posts sobre el mundo de la aviación comercial. Curiosidades, anécdotas, datos interesantes e imágenes sorprendentes que nos van a entretener durante unas cuantas semanas. Siempre que las nubes no me den mucho trabajo, claro.
Comenzamos hablando del tiempo interminable que toca esperar dentro del avión. Después de las charlas sobre seguridad, que posiblemente nunca vamos a tener que llevar a cabo, nos dirigimos hacia la pista de despegue. Cuando vemos que estamos a punto de despegar, resulta que en la cabeza de la pista hay tres o cuatro aviones en cola para salir. Aquí, la espera se hace a veces eterna.
Cuando un avión despega, deja tras de sí una gran estela de turbulencias de aire. Tanto es así que casi sería imposible la salida de otro avión comercial. Se tiene que esperar, normalmente unos dos minutos, a que el aire vuelva a un estado de cierta calma y estabilidad.
Ahora puedes hacerte una idea de lo que sufren los monoplazas de Fórmula 1 cuando van pegados al coche de enfrente. El aire que se encuentran no está en calma y todas las simulaciones aerodinámicas no sirven en estas condiciones.
Así que, durante esa espera, no te acuerdes de las madres de los controladores aéreos, por mucho dinero que cobren sus hijos. Ellos no tienen la culpa.
Gracias por enseñar cosas de aviación que casi ningún ajeno al sector conoce. En los tiempos que corren creo que un poco de cultura aeronáutica nos viene muy bien, para entender mejor lo que sucede antes de lanzar una valoración.
Me llamo Marc Redondo Fusté. Nací en Esplugues del Llobregat (Barcelona) un gélido mes de enero gracias a los fenómenos de la contracción y la dilatación. La gravedad tiró al suelo mi primer termómetro con una aceleración de 9,81 metros por segundo al cuadrado. A los 14 años empecé a practicar con la fricción. El día siguiente a mi primera borrachera comprobé lo que es la deshidratación. Cuando recibí mi primer beso experimenté lo que es una reacción exotérmica. El primer examen en la universidad de física me lo pasé mirando por la ventana cómo nevaba y quedé ingrávido, es decir, suspendido. Tras años de estudios de campo he llegado a la conclusión de que se liga más con una motocicleta de 49 centímetros cúbicos que invitando a las chicas a ver las estrellas; como no tengo moto, aquí hablaré de ciencia como no nos la enseñaron en el colegio, y de estrellas, por si hay alguna despistada. (ahora ya tengo moto, pero de momento solo un casco) Y si no puedes dormir porque una pregunta te ronda por la cabeza, mándame un e-mail a mredondo@snoticias.tv