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“Somos lo que recordamos o lo que nos recuerda, no somos mucho más”. La cita es de Umbral y mejora todas las frases que se me habían ocurrido para comenzar este texto. Nuestra vida es sólo una colección de momentos. Fragmentos que olvidamos y desenterramos, momentos cuyo recuerdo nos convierte en lo que somos. Así que, ¿por qué no convertir la vida de todos los hombres en una sucesión de instantes?
Esta es la técnica que Nicholson Baker utiliza en “Humo humano” para construir una singular historia que comienza en 1914 y termina (original fecha) en 1942. El formato recuerda enseguida la “Memoria del fuego” de Galeano, su antiacadémica historia de América Latina. Baker renuncia a construir un ensayo de mil páginas y en su lugar deja que hablen escritores y políticos. Los primeros, a través de sus diarios. Los segundos, a través de los diarios.
A golpe de fragmentos, parcial y cuidadosamente elegidos, “Humo humano” intenta algo casi imposible: destruir un mito, el de que la Segunda Guerra Mundial fue una guerra buena, la última guerra justa. No es un descubrimiento que los Aliados quemaron Alemania y convirtieron en humo humano a cientos de miles de personas. Lo que pocos libros han contado tan bien como el de Baker es que los políticos que ordenaron esta hoguera humana sabían que la táctica no sólo era cruel sino también inútil.
“¿Qué diferencia hay entre arrojar a quinientos bebés a una hoguera y arrojar fuego desde un avión sobre quinientos bebés? No hay ninguna”. Un piloto británico se hizo esta pregunta en 1937, después de matar con sus bombas a decenas de iraquíes. Si alguien le escuchó, no fue Winston Churchill. “Para Churchill – escribe Baker - los bombardeos aéreos eran una forma de pedagogía, una manera de mostrar a los habitantes de las ciudades (alemanas), el horror de los campos de batalla matándolos”.
En algún momento, “Humo humano” casi se transforma en una biografía desautorizada de Winston Churchill, el hombre que pasó a la Historia como el viejo héroe que salvó a Inglaterra de la garra nazi. El abuelo capaz de posar con su puro y la ametralladora de los gánsteres de Chicago mientras saludaba a los fotógrafos con la V de la Victoria. El político al que recordamos como el líder necesario para ganar una guerra que no se podía perder.
Churchill fue todos estos churchills, pero también otros mucho más siniestros y oscuros, que escribían frases como ésta: “Me alegra mucho saber que las existencias para la guerra química van aumentando en este país (Gran Bretaña). Sigan adelante”. Las bombas químicas nunca llegaron a lanzarse, pero los buenos saltaron a un escalón superior. Quizá sea oportuno recordar su maldad en esta semana de aniversarios atómicos.
Temeraria, creo que no se trata de igualar a nazis y aliados sino a las víctimas de ambos bandos. A veces los muertos estaban en el mismo bando. Sólo en Normandía, unos 15.000 civiles franceses murieron por las bombas que los Aliados lanzaron para facilitar el desembarco de sus tropas. ENHORABUENA por tu blog: vocaciontemeraria.wordpress.com/
Qué buen título "Humo Humano". Tengo mis dudas sobre si se puede poner en el mismo rasero a los aliados y a los nazis como sugiere el comentario del piloto británico. Aunque me parece una pregunta desgarradora sobre la que reflexionar. Promete mucho ese libro. Tú sí que me estás llenando la cabeza de humo literario. Vocación Temeraria.
Estimado Toribio, gracias por su comentario y perdón por haber tardado tanto en contestarle. Creo que la clave de su comentario está en una palabra “respondían”. En “Humo humano” Baker intenta demostrar esa dinámica de acción (bombardeo) – reacción (otro bombardeo). Es indudable que Hitler utilizó la Luftwaffe como un arma de terror y que las destrucciones de Guernika (1937) y Rotterdam (1940) fueron las primeras de una lista enorme de ciudades, plagada de nombres alemanes y japoneses. La mayoría de los historiadores coinciden en afirmar que una de las explicaciones de la derrota alemana en la Batalla de Inglaterra (verano de 1940) fue la orden de Hitler de bombardear Londres en lugar de los aeródromos de la RAF. ¿Por qué Hitler dio esa orden? La tesis de Baker es que Churchill obligó a Hitler a tomar esta decisión después de bombardear Berlín varias noches. La dinámica acción-reacción derivó en una guerra cada vez más violenta. Si los alemanes arrasaron Conventry, lo cierto es que sus bombardeos fueron cada vez menos intensos a partir de la invasión de Rusia. Ingleses y estadounidenses se dedicaron durante 4 años a quemar Alemania. Mataron a miles de civiles y no consiguieron hundir la moral de la población o interrumpir la fabricación de armas, que en 1944 alcanzó sus mejores cifras, a pesar de las bombas aliadas. El único éxito de los bombardeos fue la destrucción de la Luftwaffe, un éxito indiscutible y muy importante que permitió que los Aliados pudieran dominar el cielo de Normandía y paralizar todos los contraataques que en tierra llevó a cabo la Wehrmacht.
Esos bombardeos se llamaban entonces "estratégicos". Y respondían a una necesidad bélica de países democráticos. Este autor podría escribirnos algo de los bopmbardeos a Inglaterra en 1940 y siguierntes. Toribio
Querido Ulises, el crimen más grave lo sufrido Alfonso Torán. ¡One dollar blog tiene que volver! (y cuando vuelva Ángel de vacaciones intentaremos arreglar la cabecera). Un abrazo
Estuve en la cárcel de profe, he sido locutor de radio, mecanógrafo de niños ricos, chico para todo en la mejor librería de cine de España, concursante afortunado, escritor de audioguías... Soy así: me preguntan quién soy y digo lo que hago. Vuelvo a ser periodista, aunque ahora estoy rodeado de cifras e índices, de periódicos naranjas que nadie me roba. En ese viaje siempre he estado rodeado de libros. Los amo, los odio y, a veces, los leo. CORREO: jarmada@snoticias.tv