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Durante estos días los árboles se están despojando de sus hojas como suelen hacer cada año. En las ciudades vemos cada mañana como las tropas de limpieza se encargan de recogerlas. A veces, a la que vacían el cubo, vuelven a tener el suelo lleno de hojas. ¡Menudo trabajo! Y no os digo nada cuando hace viento.
La naturaleza, como siempre nos han dicho, es sabia. En un bosque, toda hoja caída en el suelo se descompone en pocas semanas, convirtiéndose en abono. Otro tema bien distinto es lo que ocurre en la ciudad.
Todo sembrado de asfalto y cemento, en este suelo las hojas no tienen ninguna función. Además, se tienen que retirar para evitar caídas de peatones en las aceras. También en la calzada por el peligro que supone para motoristas y ciclistas. Y los días de lluvia todas esas hojas acaban por obstruir el alcantarillado. Así, un sinfín de molestias que provocan las hojas en nuestro entorno pavimentado.
Hasta el punto en que nos encontramos con un hecho sorprendente. En los parques públicos donde hay césped se tienen que retirar las hojas del suelo porque si no llegan los rayos del sol al suelo, la hierba se muere. Árboles de hoja caduca con suelos rellenos de césped parece no ser la combinación más inteligente.
Efectivamente, el césped es la peor opción en casi la mayoría de los jardines y parques de nuestra latitud, y esta es sólo una razón más, sumada al enorme gasto de agua que supone mantener algo que se puede sustituir por rellenos de semejante valor estético y mucho mayor ecológico.
Me llamo Marc Redondo Fusté. Nací en Esplugues del Llobregat (Barcelona) un gélido mes de enero gracias a los fenómenos de la contracción y la dilatación. La gravedad tiró al suelo mi primer termómetro con una aceleración de 9,81 metros por segundo al cuadrado. A los 14 años empecé a practicar con la fricción. El día siguiente a mi primera borrachera comprobé lo que es la deshidratación. Cuando recibí mi primer beso experimenté lo que es una reacción exotérmica. El primer examen en la universidad de física me lo pasé mirando por la ventana cómo nevaba y quedé ingrávido, es decir, suspendido. Tras años de estudios de campo he llegado a la conclusión de que se liga más con una motocicleta de 49 centímetros cúbicos que invitando a las chicas a ver las estrellas; como no tengo moto, aquí hablaré de ciencia como no nos la enseñaron en el colegio, y de estrellas, por si hay alguna despistada. (ahora ya tengo moto, pero de momento solo un casco) Y si no puedes dormir porque una pregunta te ronda por la cabeza, mándame un e-mail a mredondo@snoticias.tv