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Esta ciudad es amarillo taxi. Me siento Carrie en Sexo en Nueva York cada vez que me lanzo a la calle levantando con soltura el brazo y poniendo cara de “tengo mucha prisa, soy muy importante”. Nada más lejos de la realidad, pero mola.
Ayer, después de dejarme enfermar por la fiebre navideña en Macy’s y de haber sido atacada por varias marujas histéricas por conseguir la mejor ganga, me lancé al primer taxi que pasó. Aunque el miedo al peligro de muerte sigue recorriendo mis venas cada vez que me subo a uno, el de ayer me sorprendió por algo diferente: era híbrido. El primero al que me he subido nunca.
Con tanta discusión sobre si rescatar o no la industria automovilística americana, la voz del editorialista del New York Times Thomas L. Friedman resonó en mi cabeza al subirme al híbrido bólido.
Lo que el columnista afirma es que rescatar una industria como la de los grandes de Detroit (Chrysler, Ford y General Motors) en estos momentos es como rescatar una discográfica al borde del nacimiento del iPod, ya que en Dinamarca y Tel Aviv acaban de implantar una nueva cadena de coches eléctricos llamada Better Place.
Para poner en marcha esta nueva generación de automóviles también hay que crear toda una infraestructura de recarga de coches eléctricos, por lo que aunque ya se está implantando parece ser que no será un proceso rápido.
Y cuando yo creía que lo de Better Place era la solución perfecta, van los chinos y sacan un coche híbrido (el más barato hasta el momento, por 16.000 euros) que se puede recargar en la red eléctrica de casa.
Apuesto a que dentro de unos años nuestros hijos se reirán de nosotros, tachándonos de cavernícolas, preguntándose cómo dependíamos del petróleo cuando podíamos recargar el coche en casa…
Hasta entonces, propuestas como la del alcalde de Nueva York de convertir toda la flota de taxis de la ciudad en coches híbridos para el 2012, van en buen camino.