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No os lo vais a creer pero en París no conocí a ninguna ardilla.
A pesar de eso, pasaron algunas cosas interesantes como, por ejemplo, que me hice amiga de una rata (Max) y que descubrí por casualidad el Chueca francés, donde me compré dos pares de zapatos de tacón altísimo que son preciosos y me hacen sentir hiperfemenina -en estático- a pesar de las salvajes heridas que me causan. Cerca de la plaza del Pompidou me comí una crepe de Nutella en la que más que untar nocilla habían limpiado el cuchillo con los restos de chocolate de la crepe anterior, y nada más terminar de saborearla aparece un cocinero cincuentón francés y me invita a ver en su móvil una fotografía suya en bolas. Flipa. Yo contesté que no tenía ningún interés en verle desnudo ni en la realidad ni en pantalla, el hombre me miró a los ojos muy serio y pregunto extrañadísimo: ¿por qué? También he subrayado y disfrutado al máximo “El Sha” (súper recomendación periodística/literaria del año) en algunos parques y cafés de la ciudad, ya sabéis, a lo chica solitaria-intelectual-por-favor-que-alguien-se-acerque-a-charlar-que-estoy-harta-de-leer. En el interior de una iglesia vi una estatua blanca de una virgen que tenía tallada a los pies una muñeca de mármol (¿?), me colé en La Sorbona y escuché a un tipo tocando el piano en una de las clases. También he tenido una experiencia sobrenatural con lo que más tarde me explicarían que probablemente fuera un “espíritu protector”, he sido timada con descaro por una aerolínea low cost y he visto en persona a Johnny Deep.
Y todo esto es cierto. Pero ardillas, ninguna.
¡Bienvenidos a Raza Becaria! "Dale un blog y que se calle" fueron las palabras con las que mis jefes aprobaron este proyecto. Aquí hablaré de cultura (entre otras cosas), tratando de no resultar un sopor, para lo cual agradeceré infinitamente vuestra participación. Quejas, sugerencias e invitaciones de cumpleaños: ANABOYERO@GMAIL.COM
Blog de Sociedad