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Celebramos el Día del Trabajo con una tasa de paro altísima, sin tocar techo se diga lo que se diga y con la extraña certeza de que la servidumbre aumenta por momentos. En resumen que, como en un chiste de Forges que nunca encuentro, algún día nos manifestaremos por cadenas de titanio para sustituirlas por las de hierro.
Coincide este día, además de con los preocupantes datos de paro, con la cada vez mayor certeza de que nos estamos sumergiendo de forma irreversible en una especie de mundo Matrix. Lo pensaba esta mañana leyendo un texto de Coetzee (ese señor) en el que el escritor sostenía que el Estado tal y como lo conocemos ha sido una especie de imposición consuetudinaria que sustituye la no elección de la monarquía por una elección entre escasas opciones que, necesariamente, nos llevan a elegir quién debe gobernarnos (no así servirnos) aunque nos guste de cada una de las opciones posibles algunas características y no otras.
Complejidades intelectualoides aparte lo que subyace bajo el texto de Coetzee es la teoría de que nos hemos acostumbrado al estado de servidumbre, y que para ser libres debemos ser o bien proscritos o bien una especie de extraño rebelde que no conozco en el mundo real.
Ante esto en días como el de hoy cabría preguntarse qué debemos hacer para conseguir el Estado ideal al que hay que tender, ése en el que el trabajo no sea una servidumbre en el común de los casos. Un Estado que no sea Matrix, que no suponga vendernos por unas horas a trabajos mal pagados, precarios o insatisfactorios a cambio de una tarde en una terraza con la jarra de cerveza de turno o un fin de semana en la playita con la señora.
Y luego nos queda la otra reflexión, la más cercana: la del 20% de paro (y subiendo) y las reconversiones que hemos de afrontar. En esto último soy poco optimista. He leído en los últimos días que nuestra única opción, destrozado el sector de la construcción y con el turismo compitiendo con países emergentes en este campo, es dedicarnos a la exportación. La cuestión es qué vamos a exportar si hace años que desmantelamos el sistema fabril.
De hecho aunque no fuera así tendríamos que hacer frente a un competidor demasiado poderoso: China y otros países asiáticos. Siempre producirán más que nosotros por menos y, cuando todo el sistema acabe yéndose al carajo y la crisis toque techo de verdad, tendremos que enfrentarnos a un horizonte más oscuro, de más tensiones, de muchas fricciones dentro y fuera de España.
De lo que creo ocurrirá igual hablo otro día, aunque ya lo hice en un post de hace cosa de seis meses cuyo nombre no recuerdo así que no puedo hipervincular. Mientras sólo nos queda lo de aquel tipo, Edmundo Dantés: confiar y esperar.
Sí, Ángel, en cierto modo no te falta razón. **** Anarko_Forever: estoy de acuerdo. La cuestión es cómo cambiar ese modelo. Cómo cambiarlo de forma realista, porque no vale con una rebelión de unos pocos. Se necesita un movimiento de masas.
Somos engranajes/piezas del capital y su sistema productivo;la servidumbre a un modelo capitalista,que no sabe,ni quiere saber de personas,ni realidades sociales,etc.A los capitalistas solo les interesas el dinero y el poder,lo que puede conseguir con ello conseguir y demás,y son cabalas quien quiera pensar de otro modo.Rebelde ?? yo diría que los Anarquista ,David....siempre nos revelamos contra las injusticia,pero por contra tenemos mala prensa.No creo que tengamos que competir con nuestro semejante,en ningún sector,sea comercial u otro,solo el sistema obliga a los estado a hacerlo,lo que conlleva a sus ciudadanos a mantener esa "lucha"..o cambiamos el modelo y nuestra mentalidad,o seremos rehenes del destino que el capital nos asigne.
Tal y cómo está la cosa y en este Día del Trabajo, te sientes afortunado por trabajar.
Un zabuqueral es un lugar lleno de complicaciones, donde el fango te llega hasta las rodillas, los mosquitos te sorben las venas y la orientación es casi imposible. Y eso es precisamente lo que ha sido, desde tiempos inmemoriales, el mundillo político español. Este blog surge como un intento de inmersión suicida en ese zabuqueral, canalizando al mismo tiempo frustraciones infantiles del autor y sirviendo como terapia para superar una serie de traumas políticos típicamente españoles con todo el sentido del humor posible. CORREO: dmartin@snoticias.tv