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Todo empezó porque mi mujer y yo fuimos a ver El Luchador. Cuando salimos del cine estaba rara, pero no rara de tener la regla, sino rara, rara; rara de que no lo vas a acertar ni de coña, así que déjalo correr, que ya saldrá el búfalo por algún lado. Y lo dejé correr mientras ella murmuraba: qué expresividad, qué expresividad... ¿cómo no le dieron el Oscar?
Por la noche, quiero decir, cuando nos acostamos, en la ración diaria de arrumacos y vaivenes, ella seguía distante, como embutida en una tripa de un cerdo nacido más allá de Orión. ¿Qué se hace en estos casos? Yo intenté extraer de la extrañeza morbo y seguí con la acometida. Pero ella se giró, sin decir nada, y, viendo su espalda de pijama de franela, comprendí que no quería sexo. Antes de que se durmiera, o justo cuando lo hizo o dos segundos después, la oí decir: Mickey Rourke, Mickey Rourke.
A las dos semanas de estar a palo seco, escuchando cada noche la nana de Mickey Rourke, decidí llamar a Carmen Posadas, porque dice que su hija es la que mejor pincha botox de España. Nos presentó. Yo iba con mi cara y ella con su aguja, y comencé a darle a la maizena subcutánea. ¿Cuándo paro?, preguntó. Cuando me vea los mofletes por delante de los ojos, contesté.
Me fui a casa con la sensación de que los gestos tardaban una eternidad en llegarme al rostro, como cuando se sale del dentista o como ocurre cuando se fuma marihuana, según he leído por ahí. La esperé en batín de guatiné, con la sorpresa haciéndome pumpum en la cara. Recibí un par de hostias de ignorancia y toneladas de silencio. Probé con las mallas, tiñéndome el pelo y dándole a los esteroides como si fuesen Peta Zetas. Nada.
Ayer se marchó. Me dijo que se iba con un gafoso que se estaba sacando las oposiciones para notario, que parecía muy formal y que dejase de tomar proteínas, que los forzudos somos buenos folladores, pero que de novios no valemos para nada. Y yo, que me como mucho el tarro, pienso que lo mismo las cosas ya estaba un poco mal cuando fuimos a ver El Luchador, que de forzudo todavía no he mojado el churro y que lo mismo vuelvo a llamar a la hija de Carmen Posadas.
Por cierto, la peli, cojonuda, de esas que te cambian la vida.
Blog de Sociedad