imprimir
compartir
El post de hoy no va sobre patinazos, niños chinos cayéndose de un columpio o de abuelas resbalando en una piedra cuando van a cruzar un riachuelo. Trataré el tema de caídas aún más dolorosas.
El otoño ha llegado. La naturaleza ya se dio cuenta hace días y los árboles no paran de desprenderse de sus hojas. Incluso el ser humano lo nota. Nuestra almohada se despierta más rebozada de cabellos que de costumbre. Es tiempo de caídas.
Empecemos por ver la caída que mejor entendemos: la de las hojas. La explicación empieza por la temperatura del suelo. Al ser más fría, hace que las raíces no puedan captar tanta agua durante el invierno. Eso activa el mecanismo del árbol para evitar deshidratarse durante los meses de más frío. Como todos sabemos, los árboles respiran por sus hojas, y por allí pierden agua. ¿Solución? Desprenderse de las hojas. Pero antes de hacerlo, el árbol chupa todas las sustancias de la hoja, volviéndose marrón, secándose y posteriormente cayendo.
La caída del cabello, que afecta tanto a hombres como a mujeres, no se conoce a ciencia cierta a qué se debe. Hay quien dice que es debido al estrés y a la reducción de las horas de luz, pero la hipótesis más aceptada lo achaca a nuestra herencia animal. Al igual que otros mamíferos, mudamos el pelo regularmente, y más aún en esta época, cuando el pelo nuevo debe salir fuerte para soportar los largos y fríos días de invierno.
Ya sabes, ahora puedes ahorrarte depilaciones. La época de baño ha finalizado y debemos adaptarnos para resistir el frío. A no ser que tu pareja se queje… claro.
Me llamo Marc Redondo Fusté. Nací en Esplugues del Llobregat (Barcelona) un gélido mes de enero gracias a los fenómenos de la contracción y la dilatación. La gravedad tiró al suelo mi primer termómetro con una aceleración de 9,81 metros por segundo al cuadrado. A los 14 años empecé a practicar con la fricción. El día siguiente a mi primera borrachera comprobé lo que es la deshidratación. Cuando recibí mi primer beso experimenté lo que es una reacción exotérmica. El primer examen en la universidad de física me lo pasé mirando por la ventana cómo nevaba y quedé ingrávido, es decir, suspendido. Tras años de estudios de campo he llegado a la conclusión de que se liga más con una motocicleta de 49 centímetros cúbicos que invitando a las chicas a ver las estrellas; como no tengo moto, aquí hablaré de ciencia como no nos la enseñaron en el colegio, y de estrellas, por si hay alguna despistada. (ahora ya tengo moto, pero de momento solo un casco) Y si no puedes dormir porque una pregunta te ronda por la cabeza, mándame un e-mail a mredondo@snoticias.tv
Blog de Sociedad