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El espacio vuelve a estar de moda. Durante los últimos días hemos visto una sonda llegar a Marte, nos han dicho que nuestra galaxia tiene dos brazos y no cuatro e incluso hemos podido ver la reparación de un retrete en la Estación Espacial Internacional.
Hoy vamos a resolver otra duda relacionada con los transbordadores espaciales. Como todos sabemos, el despegue de estos aparatos sólo puede ser vertical. El aterrizaje lo efectúan como un avión normal: planeando. ¿Qué ocurre si el Atlantis aterriza en California y debe llegar a Florida, a Cabo Cañaveral, para su próximo despegue? No hace falta ser muy avispado para ver que la respuesta está en la fotografía.
El avión utilizado por la NASA para el transporte de transbordadores es un Boeing 747. Se trata de un avión comercial modificado para llevar a su espalda nada más y nada menos que un transbordador espacial, que como todos sabemos, es una nave de dimensiones enormes. Estabilizadores nuevos, alas modificadas, más monitores electrónicos y sujeciones especiales al fuselaje permiten este tipo de transporte.
El transbordador también es ligeramente modificado para el traslado. Lo más significativo es la cubierta que protege la parte de los motores traseros, que a la vez lo hace más aerodinámico.
La Agencia Espacial Rusa utiliza para desplazar sus transbordadores uno de los aviones considerado aún hoy en día como el más grande: el Antonov an-225. (Antonov sería como Antonio en ruso). Con 32 ruedas y capacidad para transportar 250 toneladas en el interior, lo convierten en un auténtico monstruo del aire.
Lo que aún no acabo de entender es la polémica que ha surgido con el peso de las mochilas de los niños. Cuando nosotros íbamos al colegio, llevábamos a nuestra espalda quilos y quilos de libros de texto y nadie se quejaba. ¡Eso sí que era una carga! Hoy en día tenemos la columna bien, ¿verdad?.
Bueno, esto es todo por hoy. Ahora voy a ayudar a mi compañero de mesa, que me ha pedido ayuda para atarse los cordones de los zapatos porque desde que acabó el colegio, hace 10 años, no se llega a los pies.
Me llamo Marc Redondo Fusté. Nací en Esplugues del Llobregat (Barcelona) un gélido mes de enero gracias a los fenómenos de la contracción y la dilatación. La gravedad tiró al suelo mi primer termómetro con una aceleración de 9,81 metros por segundo al cuadrado. A los 14 años empecé a practicar con la fricción. El día siguiente a mi primera borrachera comprobé lo que es la deshidratación. Cuando recibí mi primer beso experimenté lo que es una reacción exotérmica. El primer examen en la universidad de física me lo pasé mirando por la ventana cómo nevaba y quedé ingrávido, es decir, suspendido. Tras años de estudios de campo he llegado a la conclusión de que se liga más con una motocicleta de 49 centímetros cúbicos que invitando a las chicas a ver las estrellas; como no tengo moto, aquí hablaré de ciencia como no nos la enseñaron en el colegio, y de estrellas, por si hay alguna despistada. (ahora ya tengo moto, pero de momento solo un casco) Y si no puedes dormir porque una pregunta te ronda por la cabeza, mándame un e-mail a mredondo@snoticias.tv
Blog de Sociedad