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¿Quién de vosotros no se ha permitido el lujo de llenar la bañera de agua y relajarse un buen rato? ¿Quién no ha compartido un baño con su pareja, o ha soñado compartirlo con dos personas más (sin la pareja, claro)? ¿Y quién no ha deseado ver lo que las burbujas no nos dejan ver? Hoy vamos a descubrir cómo se forman las burbujas en la bañera. Antes de continuar, un pequeño consejo: un baño no sustituye a una ducha. Debemos salir limpios de él, y para eso, no basta con sumergirse en agua con jabón. Toca frotar.
Lógicamente, para formar burbujas debemos tener aire, agua y jabón. Cuando llenamos una bañera y añadimos una pequeña cantidad de jabón, la mayor parte de éste quedará disuelto, pero el resto no podrá hacerlo. Esta parte es hidrófoba, es decir, quiere huir como sea del agua, con lo cual se desplaza hacia la superficie o hacia cualquier parte del agua que contenga un poco de aire. Lo mismo que ocurre con el aceite.
Si el agua está calmada, el grifo cerrado y añadimos jabón, ya podemos esperar horas que no se formarán burbujas. En el momento en el que abrimos el grifo, el agua que sale de éste contiene pequeñas bolsas de aire. Estas bolsas de aire, una vez han pegado su particular chapuzón, como son menos densas que el agua, tienden a subir hacia la superficie. En este trayecto, atraen partículas de jabón. Y cuando llegan a la superficie, aún van a encontrarse con más jabón, el que forma parte de la película jabonosa que se aposenta sobre la superficie.
En la superfície de separación del agua con el aire, donde está alojada la capa fina de jabón, es donde se encuentra la fábrica de burbujas. Es lo mismo que ocurre con esa especie de piruletas de plástico donde se sopla y se lanzan burbujas al aire. El aire que proviene del fondo de la ducha asciende hacia la superfície, y cuando quiere escapar del agua, arrastra parte del jabón y forma la burbuja. Como todo acaba siendo burbujas, unas se apoyan con las otras y les cuesta mucho destruirse. Poco a poco se van acumulando hasta que ya no vemos ni tan sólo el agua. Como más aire y más jabón añadamos, más burbujas tendremos.
Para terminar, dos consejos. El primero: para los que quieren ver más allá de las burbujas, es mejor soplar que apartarlas con las manos. Nunca sabes dónde van a acabar estas manos. El segundo: si estás abrazado a alguien y observas que una de las burbujas se despega del agua y empieza a flotar por el baño… mala señal. Sólo un gas es capaz de producir eso: el metano.
Me llamo Marc Redondo Fusté. Nací en Esplugues del Llobregat (Barcelona) un gélido mes de enero gracias a los fenómenos de la contracción y la dilatación. La gravedad tiró al suelo mi primer termómetro con una aceleración de 9,81 metros por segundo al cuadrado. A los 14 años empecé a practicar con la fricción. El día siguiente a mi primera borrachera comprobé lo que es la deshidratación. Cuando recibí mi primer beso experimenté lo que es una reacción exotérmica. El primer examen en la universidad de física me lo pasé mirando por la ventana cómo nevaba y quedé ingrávido, es decir, suspendido. Tras años de estudios de campo he llegado a la conclusión de que se liga más con una motocicleta de 49 centímetros cúbicos que invitando a las chicas a ver las estrellas; como no tengo moto, aquí hablaré de ciencia como no nos la enseñaron en el colegio, y de estrellas, por si hay alguna despistada. (ahora ya tengo moto, pero de momento solo un casco) Y si no puedes dormir porque una pregunta te ronda por la cabeza, mándame un e-mail a mredondo@snoticias.tv
Blog de Sociedad