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El cabaret de los renegados

Venga maldito, toca una de Chicago, somos extraños a Broadway pero tenemos ganas de cantar y ya llevamos un par de vodkas en la mano. -¿All That Jazz?- me preguntó con esa mirada que me acuchillaba diciendo “turista”. –Bueno, ¿pero quieres la de la película o la del espectáculo?-.

No distinguí la sutil diferencia de cuál de las versiones nos recitó, pero yo me senté en uno de esos banquitos de cabaret alrededor del piano rojo a hacerle los coros. A mi izquierda un chino vestido de cowboy bebía whiskey y movía enérgico sus flecos colgantes mientras susurraba a su copa all that jazz… A mi izquierda dos novios actuaban el drama, pas pas pas, los disparos sonaron con la mano del pianista y se hizo un silencio hasta que volvieron a cantar todos, como si hubieran estado ensayándolo toda una vida, and all that jazz.

Marie’s Crisis es un cabaret de renegados. Allí trabajan como camareros quienes no lograron un puesto en Broadway y se conforman con saberse todas las canciones y sorprender a los turistas con sus voces y contarles que la semana pasada allí estuvo Drew Barrymore y que este chico que es mi colega escribió este musical que estamos cantando ahora.

Pero aunque en este sótano de techo bajo que huele a cerveza y a música se sientan dioses, en Marie’s Crisis reina un olor a  fracaso encubierto que lo hace mucho más interesante de lo que podrían llegar a ser nunca las luces de un gran espectáculo de Broadway.

El repertorio completo de Sonrisas y Lágrimas nos levantó a todos, porque cuando suena The Sound of Music o bueno, cuando el padre de la familia Trapp canta el himno final con su guitarra poco antes de escapar de los nazis… los pelos de punta when the hills are alive with the sound of music. Fórmula americana para hacerte llorar, y qué importa si te acuerdas de cómo querías tú también subirte a los árboles y vestirte con cortinas y hacer esos títeres con cabras cantaoras.

Al final un abuelo negro de pelo blanco nos cantó y bailó claqué histérico por todo el bar. Probablemente va todas las noches. Probablemente nunca llegó a actuar en un escenario. Probablemente cuando salía ya y le estrechamos la mano diciendo “tío, has estado increíble”, se olvidó de los fracasos y se fue entre aplausos a casa, como una gran estrella de Broadway.

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Bloguero Teresa de Miguel

Acerca de

Teresa de Miguel

Las ratas, my friends, son las que deciden en esta ciudad si uno es más de aquí que de allá. Cuando desde el andén veo un par correr entre los raíles, gordas y peludas, vuelvo a meter mi nariz en el periódico y espero a que alguno las señale con el dedo para poder pensar: turista.

 
 
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