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El sábado anterior empecé a encontrarme mal. Me he pasado la semana tosiendo, mirando consternada un termómetro digital que cuando pitaba parecía que me regañaba por hacerle perder su precioso tiempo. El jueves, el dolor en el pecho se hizo tan insoportable que al respirar empecé a emitir, impotente, estúpidos gemiditos que añadían al sufrimiento físico un rollo quejica bastante lamentable. Acabé en mi centro médico de confianza, donde una prueba de rayos X puso, por fin, nombre a mi sufrida dolencia: TRAQUEÍTIS. ¿Nunca lo habías oído? Yo tampoco. Y aunque el nombre no haya cambiado nada porque el tratamiento continúa siendo un sencillo Ibuprofeno cada 8 horas, yo me siento más cómoda conmigo misma. Un vulgar catarro es una cosa; una traqueítis, reconocédmelo, otra bien distinta.
Durante mi merecido reposo no he leído porque cuando estás malo no viene a cuento leer, ni siquiera aunque disfrutes de la lectura. Hay que hacer el vago a conciencia: dormir, andar en pijama de la cama al frigorífico y como mucho ver películas o series. En medio de mi delirio vi “Antes del atardecer”, la segunda parte de una preciosa película que satisface las necesidades del solitario cultureta contemporáneo. Una joven francesa y un estadounidense se conocen en un tren en medio de Europa y sienten una conexión especial que no hará más que aumentar durante una noche de intensa conversación que recordarán durante el resto de sus días mientras se hacen la misma pregunta: ¿dejé escapar al amor de mi vida? Mi tráquea y yo nos emocionamos mucho. Después volvimos a ver “Buscando un beso a medianoche”, peli de la que ya hablé aquí hace meses, que también es una propuesta medio modernilla sobre un chico y una chica que mantienen ingeniosas conversaciones (menos elevadas que las de la cinta anterior) también durante una tarde-noche.
Es curioso porque cuando estás viendo una película moderna eres plenamente consciente de que no te espera un final feliz. O al menos, no te espera un final feliz LARGO. Y esto lo asumes y, es más, lo defiendes. Parece que hemos dejado de estar preparados para parejas que se quieren y acaban juntas. ¿Por qué? Quizás por un exceso de pastel en el cine anterior, quizás porque los espectadores han preferido dejar de creer en el amor para así no desilusionarse. ¿Es el romanticismo cosa de insensatos? No sabría responderme. Lo que sí puedo afirmar es que el amor, horror, hace tiempo que dejó de ser un argumento de peso.
¿Estoy pesimista por una tráquea en mal estado o mi visión no podría ser más acertada? Espero condolencias y, lo más importante, respuestas.
Quizá es que a estas alturas de la vida no nos gusta ver finales 'felices para siempre' en el cine, porque nos parecen poco realistas o simplemente por envidia: viendo y/o sufirendo rupturas, separaciones, divorcios... que intenten vendernos luego películas no aptas para diabéticos... pues no convence tanto como antes. O quizá es sólo porque es más fácil provocar sentimientos a los espectadores mostrando a los protagonistas jodidos -no se me ocurre otra palabra mejor- y pensando en lo que pudo haber sido, que mostrarnos su boda con la novia embutida en un vestido esponjoso y con el perro llevando las alianzas, por aquello de que estemos inmunizados al azúcar de los pasteles de boda. Y al cine vamos a sentir cosas, si es posible: es cuando nos gustan más las películas, ¿no? Pues a sufrir tocan. O simplemente puede que sea para evitar contar las historias de siempre, porque gracias a las películas, libros, etc. con final feliz, ya quedan pocas perdices y con la oferta y la demanda se salen del presupuesto... vaya usted a saber...
LLevo tres días dándole vueltas al tema, pero el frenadol y mi época lovescéptica no me permiten idear una respuesta clara. Sólo me planteo por qué Linklater y los propios Hawke y Delpy no se 'mojan' y le dan un final cerrado a 'Antes del atardecer', ¿tal vez porque nadie les asegura que entre ellos la cosa vaya a ir mejor que en sus relaciones anteriores? (lo sé, parezco resentida. Prometo amplitud de miras en los próximos comentarios).
Hemos aprendido que las historias de amor no son perfectas. Y, además, en el cine nos gusta más así. Ayer volví a ver Antes del amanecer. Creía que después de más de 10 años ya no me gustaría. Me equivoqué.
Sí, a mí la película me rompió todo. Eso sí, yo estaba más ocupado identificándome con el tío y odiando/amando a la puta loca cada vez más. Muy concretamente me dejó KO la escena ésta de Expectativas/Realidad. Brutal, quise dejar la peli e irme a llorar por ahí xD. Pero bueno, claro, ambos personajes son bastante identificables. Lo que dices es jodido, sobre todo a la hora de explicárselo a la otra persona. Claro que igual el/ella ya había perdido las gafas amorosas antes... xD. El final de la película digo que es esperanzador pero tampoco lo tengo claro, porque al fin y al cabo sólo significa que empieza otro ciclo, y realmente puede ir mejor o peor. Supongo que lo importante es "simplemente" pasar por esas etapas y quedarse con lo mejor. O con algo. Vivir al fin y al cabo, lo que pasa es que a veces no hay ganas xD. Un saludo.
El amor gana siempre sobre la envidia y el odio.
¡Bienvenidos a Raza Becaria! "Dale un blog y que se calle" fueron las palabras con las que mis jefes aprobaron este proyecto. Aquí hablaré de cultura (entre otras cosas), tratando de no resultar un sopor, para lo cual agradeceré infinitamente vuestra participación. Quejas, sugerencias e invitaciones de cumpleaños: aboyero@snoticias.tv
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