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Mientras Napoleón se encaraba a sus compañeros en un colegio de Francia, Wellington se enrocaba en su mundo en una escuela de la pérfida Albión. Pocos años más tarde Arthur andaba pululando por Flandes y de guarnición en Irlanda y Napoleón estaba metido de lleno en la revolución más famosa de la historia, tomaba el mando de la artilleria del asedio a Toulon y ascendía de manera meteórica. Meses más tarde a Wellington se le escapaba brevemente Kitty Pakenham antes de embarcar hacia Calcuta y Bonaparte era jaleado por un comandante de húsares patilludo llamado Murat antes de su enlace con Josefina.
Dos vidas, dos historias paralelas, dos grandes genios militares nacidos el mismo año y cuyos nombres permanecerán unidos para siempre en las páginas de la Historia. Dos monstruos comparables en algunas cosas, pero muy diferentes en otras, sobre los que ando leyendo estos días en una serie de novelas de Simon Scarrow.
Bajo el título Napoleón vs Wellington el británico Scarrow recorre de forma amena la biografía de ambos personajes cayendo, quizás, en dos defectos: un lenguaje demasiado bestsellero en ocasiones y la intención de asemejar desde el origen dos vidas que en realidad no eran tan similares.
Por un lado tenemos a un Wellington sumergido en el nepotismo, ingenioso y aristocrático. Por otro tenemos a Napoleón, colérico corso, militar provinciano en busca de fortuna. Además los escenarios en que se mueven no son los mismos. Wellington bebe en Irlanda y visita prostíbulos. Napoléon hace lo mismo mientras toda Europa se lanza sobre Francia. Hay una diferencia importante en ambos modos de vida. Wellington no hace la guerra antes de irse de señoritas. El Ogro Corso se bate por la Revolución Francesa y sus ambiciones contra media Europa y luego se gasta la soldada en locales de mala fama. Como bien apuntó un amigo mío recientemente, ni punto de comparación.
Pero pese a estas dos faltas (tan británica la segunda), los libros de Scarrow merecen mucho la pena, y es imposible no estremecerse cuando narra la primera victoria de Napoleón en el patio del colegio, o al saborear cómo una tormenta salva a Wellington de una muerte casi segura y lo pone en camino de una guerra repleta de oportunidades en la India. Por eso hablo hoy de estos libros y de paso cito otros altamente recomendables para cualquier bonapartista (o todo lo contrario) de pro: Casacas Rojas, de Richard Holmes, y su biografía sobre Wellington; Las campañas de Napoleón, el clásico de David Chandler, y Memorias del barón de Marbot, del puño y letra de un protagonista de la Guerra Peninsular.
Para terminar dejo caer otro dato sobre Scarrow: también ha escrito de la Roma antigua. Su serie sobre la lucha de los romanos en tiempos de Claudio es muy leída en todo el mundo y su protagonista, Cato, un individuo popular para los lectores habituales de novela histórica. Sobre Cato, de momento, no opino. Ya diré algo cuando caiga entre mis manos alguna de sus aventuras claudias.
Napoleon es incomparable a Wellington en casi todo, me voy a leer el primer libro de esa trilogia, pero claro escrita por un ingles que te vas a esperar, en fin, demasiado Sharpe, demasiado Wellington en libros grandes que cuentan desde el punto de vista tipo Fabian, historias para no dormir.....¿donde esta un "guerra y paz" escrito por un frances?....lastima que Tolstoy sea incomparable a nada ni nadie....como el Ogro Corso
Nosotros somos aquellos que tuvimos el coraje de derrotar a las hordas de la pérfida Albión en Waterloo, aquellos que atravesamos Pelennor al frente de la Compañía Gris. Los que dejamos nuestras botas en el barro de Nördlingen y sobrevivimos a la caballería francesa en Agincourt. Los mismos que durante tres días resistimos a un ejército de millones de hombres en las Termópilas y mojamos nuestras sandalias al cruzar el Rubicón. Pero también somos quienes derrotamos al Rey Brujo, rescatamos a Arturo de las garras de Mordred y atravesamos el hielo de Hoth. Nosotros somos todo esto y ahora también somos los que, al calor de una cerveza, desgranamos historias de viejas batallas y viejas glorias en La Taberna de Cadarn, lugar de encuentro para héroes fatigados y generales de ingenio vivo. Si eres de los nuestros no dudes en cruzar la puerta. Sírvete una pinta y estira las piernas frente a la hoguera.
Blog de Sociedad