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El verano ya está aquí, las noches empezarán a hacerse insoportables y cuando el calor no nos deje dormir, escucharemos ese suave zumbido cerca del oído que nos acaba desvelando. “Hola, soy un mosquito y te voy a dar la noche”. Luego están los Kamikaze, esos que van con casco y notas como la toman una y otra vez contra tu oreja variando la frecuencia de su sonido. Eso los convierte en más temibles.
Resulta que no nos pican los mosquitos, sino las mosquitas. Es decir, las hembras. Y lo hacen para aprovechar nuestra sangre rica en proteínas para poner sus huevos.
Ante la famosa frase “me pican más los mosquitos porque tengo la sangre más dulce” los estudios discrepan. En realidad no pueden oler nuestra sangre, sino las sustancias presentes en nuestra piel, según indica el CSIC. Además, pueden detectarlo a varios metros de distancia. Así que cuando tenemos un mosquito dentro de nuestra habitación ya hace rato que sabe que estamos allí. Estamos perdidos por mucho que nos queramos cubrir la cabeza con la manta.
La temperatura, tanto la corporal como la ambiental, también influye. En los abrasadores días veraniegos los mosquitos no pican. No soportan el calor aplastante. Es durante el atardecer y las noches, con la llegada del fresco, cuando aprovechan para picarnos. Y parece ser que les gusta picar a personas con una temperatura corporal lo más cerca posible a los 37 grados.
Dentro de unos días descubriremos cómo podemos saber la temperatura ambiental escuchando el chirrío o cricrí de los grillos. Más divertido que contar ovejas en la cama y no tan terrible como calcular la distancia a la que ha caído un rayo tras observar su destello y oír posteriormente el trueno. También lo veremos, por cierto.
Me llamo Marc Redondo Fusté. Nací en Esplugues del Llobregat (Barcelona) un gélido mes de enero gracias a los fenómenos de la contracción y la dilatación. La gravedad tiró al suelo mi primer termómetro con una aceleración de 9,81 metros por segundo al cuadrado. A los 14 años empecé a practicar con la fricción. El día siguiente a mi primera borrachera comprobé lo que es la deshidratación. Cuando recibí mi primer beso experimenté lo que es una reacción exotérmica. El primer examen en la universidad de física me lo pasé mirando por la ventana cómo nevaba y quedé ingrávido, es decir, suspendido. Tras años de estudios de campo he llegado a la conclusión de que se liga más con una motocicleta de 49 centímetros cúbicos que invitando a las chicas a ver las estrellas; como no tengo moto, aquí hablaré de ciencia como no nos la enseñaron en el colegio, y de estrellas, por si hay alguna despistada. (ahora ya tengo moto, pero de momento solo un casco) Y si no puedes dormir porque una pregunta te ronda por la cabeza, mándame un e-mail a mredondo@snoticias.tv
Blog de Sociedad