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"Nunca me ha llamado la Guerra Civil Americana". Me lo decía hace unos meses un compañero de hobby y yo, que por aquel entonces andaba inmerso en otros universos, no le di importancia.
Pero ahora he de reconocer que ando más inquieto en lo que se refiere a este período histórico. O más bien en cómo vivir este período histórico a través de soldados de plomo, buenos reglamentos y juegos de tablero.
Hay para elegir en el campo que deseemos ya que la Guerra Civil Americana ha sido, junto con las Guerras Napoleónicas, uno de los períodos en los que más han lidiado los wargamers a la hora de vivir la historia.
No es para menos. Ambas luchas son de proporciones épicas y tienen a sus espaldas páginas y páginas de historia, novela y buen cine, como es el caso de El Fuera de la Ley, una película de Clint Eastwood que narra las peripecias de un confederado en su huida de la derrota frente a los yanquis (cuyos créditos acompañan a estas líneas).
Además la Guerra Civil americana propicia "el nosotros y el ellos" sano que siempre aparece en nuestro hobby (el "nosotros y el ellos" real es más preocupante). Por un lado tenemos a los amantes de los yanquis, firmes defensores del progreso y contrarios a la esclavitud (es resumir mucho) y por otro a los confederados, deseosos de conservar sus libertades y repletos de carga épica (también es resumir mucho).
Para vivir la Guerra Civil Americana podemos ponernos de fondo algunas canciones como Dixie o I am a rebel soldier, que dan ambientillo, estudiarnos el reglamento de Fire and Fury y montarnos un ejército con Foundry, en plomo y más caro, o con Perry Miniatures, que tiene una gama de plástico barata, de buena calidad y en expansión.
Con estas miniaturas, buenos libros, unos colores e iniciativa no tenemos excusa para revivir los tiempos de Dixie y el algodón.
Nosotros somos aquellos que tuvimos el coraje de derrotar a las hordas de la pérfida Albión en Waterloo, aquellos que atravesamos Pelennor al frente de la Compañía Gris. Los que dejamos nuestras botas en el barro de Nördlingen y sobrevivimos a la caballería francesa en Agincourt. Los mismos que durante tres días resistimos a un ejército de millones de hombres en las Termópilas y mojamos nuestras sandalias al cruzar el Rubicón. Pero también somos quienes derrotamos al Rey Brujo, rescatamos a Arturo de las garras de Mordred y atravesamos el hielo de Hoth. Nosotros somos todo esto y ahora también somos los que, al calor de una cerveza, desgranamos historias de viejas batallas y viejas glorias en La Taberna de Cadarn, lugar de encuentro para héroes fatigados y generales de ingenio vivo. Si eres de los nuestros no dudes en cruzar la puerta. Sírvete una pinta y estira las piernas frente a la hoguera.
Blog de Sociedad