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Supongo que estarás conmigo en la siguiente afirmación: no sabemos comer aceitunas. Claro está que me refiero a las que tienen hueso. Nada de aceitunas rotas o rellenas de anchoa. En algunos casos podemos dejar casi el 20% de la carne de la oliva pegada al hueso. Además queda muy feo, tanto si dejamos el hueso en el cenicero (cosa que no se debe hacer nunca) o en un rincón del plato. Nunca en el suelo. Nunca.
Hoy vamos a aprender cómo se debe comer una aceituna. Para esto, necesito que hagas un profundo esfuerzo de imaginación y dejes lo que estás haciendo.
Antes de nada debemos reconocer bien las partes de la aceituna. La carne (o pulpa) y el hueso, todos sabemos lo que son. Denominaré vértice a cada una de las dos puntas de la aceituna, que tiene la misma forma que una pelota de rugby (algunas variedades de oliva pueden llegar a ser esféricas, lo sé). De uno de los vértices debe sobresalir un pequeño rabito, que es por donde estaba unida al árbol.
El truco para no dejar ni una pizca de carne en el hueso es muy sencillo. Debemos ser hábiles con la lengua (sé que lo eres) y colocar la aceituna en forma vertical entre las muelas. Pueden ser las del lado izquierdo o derecho, da igual. Debemos hacer una pequeña mordida en los dos vértices, es decir, aplastar ligeramente la aceituna por sus extremos hasta que la muela toque hueso. Repetiremos el paso otra vez, girando antes un poco la aceituna.
Con este proceso habremos separado la carne del hueso de toda la oliva entera. Ahora ya solo queda, con los dientes que a ti más de guste y la lengua, coger la carne que se habrá desprendido del hueso.
Cuando masticamos una aceituna, como hace la mayoría, lo que provocas es que la carne y el hueso se peguen más aun. Mordiendo por los extremos, la fuerza que ejerce la pulpa contra el hueso es lateral, ideal para que se desprenda correctamente.
Si sigues bien este consejo no debería quedar nada de carne pegada al hueso. Serás el rey de la mesa y el más rápido. No hace falta asemejarse a un animal rumiante para zamparse una pequeña aceituna. En pocos segundos se puede ser mucho más efectivo.
Me llamo Marc Redondo Fusté. Nací en Esplugues del Llobregat (Barcelona) un gélido mes de enero gracias a los fenómenos de la contracción y la dilatación. La gravedad tiró al suelo mi primer termómetro con una aceleración de 9,81 metros por segundo al cuadrado. A los 14 años empecé a practicar con la fricción. El día siguiente a mi primera borrachera comprobé lo que es la deshidratación. Cuando recibí mi primer beso experimenté lo que es una reacción exotérmica. El primer examen en la universidad de física me lo pasé mirando por la ventana cómo nevaba y quedé ingrávido, es decir, suspendido. Tras años de estudios de campo he llegado a la conclusión de que se liga más con una motocicleta de 49 centímetros cúbicos que invitando a las chicas a ver las estrellas; como no tengo moto, aquí hablaré de ciencia como no nos la enseñaron en el colegio, y de estrellas, por si hay alguna despistada. (ahora ya tengo moto, pero de momento solo un casco) Y si no puedes dormir porque una pregunta te ronda por la cabeza, mándame un e-mail a mredondo@snoticias.tv
Blog de Sociedad