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Estamos de enhorabuena. El cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, ha asegurado con sonido de trompetas angelicales por delante que "el crimen del aborto ensombrece la historia de la humanidad". ¡Es más! A su juicio el aborto atenta contra la democracia. ¡Al hoyo de cabeza!
Aprovechando las palabras de Rouco recuerdo también las de la 'popular' Arantxa Quiroga, que acaba de pegar el pelotazo en el País Vasco. Quiroga no es ya que cargue contra el aborto sino que, al igual que la cúpula eclesiástica, defiende que no se use el condón.
A estas alturas de la historia cualquiera puede pensar lo que le plazca, qué duda cabe. Y uno puede decidir estar a favor del aborto, en contra, tener un hijo a los quince años o no tenerlo jamás de los jamases. También puede, en según qué circunstancias y el paisanaje que frecuente, decantarse por la modalidad a pelo dentro de eso de la cópula o por el roce con esposas.
Lo que no se puede es defender lo indefendible. No se puede, por ejemplo, ser el Papa y soltar que los africanos es mejor que sigan pillándose el SIDA en vez de usar preservativo. Tampoco se puede ser Rouco y callarse cual vil ejemplar de homínido cuando gobierna el PP en todo lo que tenga que ver con abortos, divorcios y demás.
No se puede porque tampoco se puede estar de acuerdo con que a una piba te la lapiden en Afganistán con la excusa de que es otra cultura, por citar un ejemplo fácil y para todos los públicos.
Lo que sí se puede es ser Rouco y no querer abortar si te quedas embarazado (mítico: primer hombre embarazado en España y cardenal arzobispo. Con intervención del Espíritu Santo, naturalmente). También se puede ser Arantxa Quiroga y montárselo carne contra carne con su marido. Eso lo respeto, aunque no lo recomiendo al común de las situaciones a las que nos enfrentamos los mortales. Lo anterior es tan lícito como que un hipotético ciudadano recurra al Sagrado Libro de Onán llegado el caso o a la vecina del quinto cuando le puedan las ganas. La abstinencia de Quiroga no es buena. Repito. No es buena.
Por otro lado ni Rouco, ni los católicos, ni Arantxa Quiroga me parecen gente valiente por defender lo que defienden, ni por atacar como atacan. Me parecen personajes obsoletos, a menudo absurdos y, sin lugar a dudas, dañinos para la sociedad mientras sigan ostentando un cargo como el que tiene cada uno.
Blog de Sociedad