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Hoy en día, hablar de Italia, para bien y para mal, es hablar de Silvio Berlusconi. Este personaje omnipresente en la vida italiana cada vez que abre la boca provoca un mar de reacciones. A algunos les da por reír y a otros les hace sonrojarse y sentir vergüenza ajena. Sin embargo, y aunque parezca increíble, hay personas que piensan que actos como aquel grito de “¡Mr. Obama!” por el que fue reprendido por la reina de Inglaterra es una expresión de fuerza del Premier.
La última perla que Berlusconi ha regalado a la prensa italiana ha sido las declaraciones responsabilizando a su mujer, Noemí y Kaká de perder diez puntos en las Elecciones Europeas basándose en sus propias previsiones.
Pero no sólo el Primer Ministro se dedica a alimentar las páginas de los periódicos con su vida privada. Verónica, la mujer de Berlusconi, no ha parado de ofrecer jugosos titulares, a los que el Premier responde con declaraciones como: “Mia moglie? È vittima delle manipolazioni della sinistra” (¿Mi mujer? Es víctima de la minpulación de la izquierda). Es más, llegó a afirmar que Verónica leía demasiados periódicos de izquierdas.
Sin embargo, el “mejor” descubrimiento, relacionado con las palabras pronunciadas por Berlusconi, lo he hecho en mi estancia Erasmus en Florencia.
En medio al Parlamento Europeo, Berlusconi decide responder a unas acusaciones emitidas por Martin Schulz, uno de los máximos representantes del Partido Socialista Europeo. Sin embargo, cuando comienza a hablar olvida su papel de Presidente de turno de la Unión Europea y dice: “Señor Schulz, sé que en Italia hay un productor que está haciendo una película sobre los campos de concentración nazi. Le recomendaré para el papel de kapò”. Un kapò era el nombre con el que se denominaba dentro de los campos de concentración nazi a los presos que realizaban tareas de control y vigilancia sobre otros detenidos.