imprimir
compartir
No va a conformarse con un párrafo anecdótico en los libros de historia. Barack Obama, el primer huracán en llegar a la Casa Blanca, se ha traído la escoba de casa y ya ha comenzado a barrer. Lo dice en este video.
En su último discurso semanal el presidente no eleva su retórica bajo la lluvia, no menciona a ancianas ejemplares ni enumera las pequeñas capitales del país. Su defensa de los Presupuestos que ahora tendrá que aprobar el Congreso es, además de una patada entre las piernas del poder, uno de sus mejores discursos. Porque al margen de la viabilidad de sus propuestas, Barack Obama, el primer poeta sinfónico en llegar a la Casa Blanca, convierte la persuasión en un depurado postre que, pese a la sensación de saciedad, te deja siempre con ganas de más.
Pregúnteselo a cualquier vendedor de arte, a cualquier creativo publicitario o a cualquiera que trabaje en los informativos de una televisión comenzada desde cero: las cosas buenas, además de serlo, lo tienen que parecer. En eso Obama, el primer Mesías en llegar a la Casa Blanca, no necesita asesores. Tampoco ha necesitado una muchedumbre entusiasta, música alegórica de fondo ni aplausos como contrafuertes. En esta ocasión ha bastado una cámara y uno de los fondos más feos del Ala Oeste para confirmar que tiene los Presupuestos como el caballo de Espartero.
Se trata sólo de una más de sus entregas semanales a través de Internet. Pero es también una declaración oficial de guerra. La guerra por la que votaron 70 millones de estadounidenses, y apoyada por muchísimos más en el resto del mundo. Una guerra contra la peste cotidiana, la basura estructural y el sarro político. Y una declaración que, incluso a quienes, pese a creernos optimistas, no podíamos evitar poner en duda la consistencia de una hermosa fachada, nos mantiene de momento con la boca bien cerrada.