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Una de las consecuencias negativas más claras de la Sociedad de la Información es un exceso de ésta. No hay que esperar a que ocurra algo relevante para contarlo y analizarlo sino que hay que producir noticias constantemente. Así se abastece a las empresas de comunicación y de este modo éstas pueden enterrar al público con avioncitos de papel cuya estructura es un teletipo que encierra en su interior cien estadísticas y un millar de declaraciones.
Y lo que ocurre con las letras pasa igual con las fotos. Cada vez es más difícil salir un sábado sin que alguien saque la cámara digital e inmortalice treinta veces un momento que, sinceramente, tampoco era digno de tanta atención. Cada vez estoy más segura de que nos hacemos fotos para que parezca que nos lo hemos pasado mejor de lo que nuestra memoria hubiera recordado por sí sola. Todos tenemos nuestra cara de fiesta preparada (o nuestra antipose, igualmente ensayada) a la espera de un flash que ya no impone nada.
Adoro observar las fotos antiguas de mis familiares y, sin embargo, soy consciente (con más nostalgia que pena) de que mis sobrinos estarán SATURADOS de tantísimas imágenes de su tía.
Ojo, no quiero que nadie piense que estoy en contra del avance tecnológico, sólo advierto que hay un colapso de imágenes banales e innecesarias. Esto no implica que yo esté en contra de las cámaras digitales porque, como defendía Fernando Trueba el otro día en una entrevista, es preferible que se hagan muchas películas malas (en este caso, fotos) “porque sólo de lo mucho sale lo bueno”.
Y después de toda esta reflexión sobre el exceso de fotos quería hablar de un álbum-blog recién descubierto que se llama ANTIVOYEUR cuyas fotos son todo lo contrario de lo que he estado hablando. Su autor, Antispop, es un granadino que sale a la calle para fotografiar a gente que no sabe que le están apuntando con un objetivo. Gracias a la inconsciencia de los protagonistas, estos no fingen y se dejan ver con toda su expresividad. Se muestran auténticos y eso mola porque de repente te encuentras preguntándote cosas de unas personas a las que no has visto en tu vida y que, de repente, te interesan: ¿quién le ofrece su mano a la chica del sombrero?, ¿qué escucha esta chica en su iPod mientras espera haciéndose la interesante apoyada en la pared?, ¿es este helado un capricho o un premio de consolación?, ¿qué le ha podido interesar a esta monja en una tienda llamada Choni?, ¿se puede estar más desolada que esta señora?
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De esta pequeña reflexión se podría inferir una mayor, si uno se para a pensarlo la revolución tecnológica es una involución en muchos sentidos. Una involución de lo real frente a lo irreal, de lo analógico (imperfecto, como es la realidad) a lo digital (perfecto - o perfeccionado gracias al photoshop -, como es lo irreal), de la cruda lucha por hacer amigos a pie de bar a agregarte docenas en el facebook, de amontonar tus discos (la mayoría ya no los escuchas) a ordenar tus carpetas de mp3s. Lo peor no es que nos convenzan de que todo es ahora mejor, más fácil, más perfecto, más irreal. Lo peor es que en esa vorágine de irrealidad, de aquí te agrego y aquí te borro, se diluye no sólo nuestro contacto con el mundo sino también lo poco de rebeldes que nos pudiera quedar. La rebeldía es ahora un post ilusoriamente combativo (no hablo de este blog en concreto) en un mar de conciencias convenientemente homogeinizadas por la informática. Tom Waits maldiga a las redes sociales, al mp3, a las cámaras digitales y la sensación que ahora nos venden de que, al borrar una foto, una canción, un recuerdo o incluso a una persona con un simple click ya no pasa nada.
"Cada vez estoy más segura de que nos hacemos fotos para que parezca que nos lo hemos pasado mejor de lo que nuestra memoria hubiera recordado por sí sola". Cuantísima razón hay en tus palabras Ana. Coincido al 100%. Este blog está genial, hay fotos muy chulas. (¿La chica apoyada en la pared mira a cámara?)
Interesante estudio acerca de lo innecesario de una cámara digital. Ya no se imprimen las fotos para almacenarlas en carpetas con nombres de fechas en algún lugar de algún ordenador. Mil fotos en una noche es un número normal si has visitado más de tres bares en la misma. Las redes sociales secuestran millones de fotografías para mostrarlas al mejor postor. ¿Dónde quedó la Polaroid? ¿Dónde quedó el revelado? ¿Por qué digo todo esto si tengo una cámara digital, dos tarjetas y no hago nada para desevolucionar (la auténtica evolución)? En fin. De lo mucho sale lo bueno. Pero a ver quién busca en mil fotos para encontrar algo. A ver si nos vemos por Sitges.
No se llama pandemia, tiene un nombre técnico de hecho: TOXIC FOG. Se estima que el volumen de información crece un 33% cada año.
¡Bienvenidos a Raza Becaria! "Dale un blog y que se calle" fueron las palabras con las que mis jefes aprobaron este proyecto. Aquí hablaré de cultura (entre otras cosas), tratando de no resultar un sopor, para lo cual agradeceré infinitamente vuestra participación. Quejas, sugerencias e invitaciones de cumpleaños: ANABOYERO@GMAIL.COM
Blog de Sociedad